• Jeff Costa

No todo es culpa de las hormonas: una conversación sobre la adolescencia

Cualquiera que tenga un adolescente en casa sabe lo mágica y desesperada que puede ser esta convivencia. Una vez un niño amable y sociable, ahora un adolescente indiferente con excesos de furia. La primera reacción de los padres tiende a ser culpar a las hormonas. Sí, de hecho las hormonas juegan un papel importante en la respuesta conductual de los adolescentes, pero no solo ellos.



Los adolescentes pasan por tres transformaciones principales: la fisiológica, cuando el cuerpo está cambiando, la psicológica, cuando intentan vivir con la mente y los eventos de sus vidas, y la neurológica, que son los cambios (principalmente químicos) en el cerebro. Es el último del que vamos a hablar hoy.


El cerebro humano continúa formando conexiones hasta los 25 años, es decir, todavía se está desarrollando hasta esta edad. Una gran máquina, el cerebro se divide en 'sectores', y entre estos sectores el último en conectarse con los demás es el lóbulo frontal, que no es responsable más que de habilidades como el pensamiento crítico, el juicio, el impulso y el autocontrol. Cuando escuchamos a un adulto decir que su hija adolescente bebió ella misma inconsciente y se desahogó, "¿No es consciente del peligro en esto?" La respuesta es no, ella no tiene discernimiento del peligro de sus acciones, precisamente porque aún no tiene la capacidad de pensar en las consecuencias de sus acciones, sobre todo a largo plazo, bien desarrolladas. Por eso, las actitudes de riesgo no son infrecuentes en la adolescencia.


Nuestro papel como maestros, profesionales de la salud y padres es exponer a nuestros adolescentes a historias reales y sus consecuencias. Recuérdeles todos los días que sus acciones pueden conducir a resultados trágicos. Puede parecer una actividad agotadora, pero es necesaria, porque la adolescencia es un período de la vida predispuesto a actividades de riesgo.


Si, por un lado, la adolescencia es una fase de muchos excesos y malos comportamientos, por otro lado es una fase con muchas potencialidades. El cerebro de un adolescente disfruta de la plasticidad, al igual que el de los niños.


Cuando hablamos de plasticidad, estamos hablando de la adaptabilidad del cerebro para aprender cosas nuevas sin demasiado esfuerzo. Estudiar inglés, por ejemplo, que puede ser una actividad dolorosa para un adulto, para un adolescente tiende a ser más tranquilo y natural, ya que su cerebro, aún en formación y desarrollo, se moldea fácilmente.


Lo mismo se aplica a otras habilidades. Grandes actores, bailarines, deportistas y pintores comenzaron su formación en la adolescencia. ¿Quién recuerda a Natalie Portman en su papel en The Professional? ¿O Lionel Messi ganando protagonismo en la selección argentina sub-20? Estos son solo dos ejemplos de personas que mostraron sus habilidades al mundo incluso antes de los 20 años.


Aunque los adolescentes parezcan haber sido reemplazados por extraterrestres, esta es una fase con un potencial increíble que puede ser sinónimo de una fase de increíble evolución y maduración. Su hijo o hija adolescente ya no es un niño, pero tampoco un adulto. Están en esta fase de transición y tienen sus necesidades específicas. Con la dosis adecuada de comprensión y aliento por parte de padres y profesionales, es posible nutrir a un ser que llegará a la edad adulta preparado para los próximos retos en la vida.


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